Aunque cada vez más mujeres acceden a carreras relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), su participación en el mercado laboral sigue siendo limitada, especialmente en roles técnicos y de liderazgo. Esta brecha de género continúa siendo uno de los principales desafíos para el desarrollo científico y tecnológico en Colombia y América Latina.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), solo el 28% de los empleos globales en ciencia e ingeniería están ocupados por mujeres. En América Latina, por ejemplo, 4 de cada 10 personas graduadas en áreas STEM son mujeres, lo que evidencia una desconexión entre formación y acceso a oportunidades laborales.
En Colombia, el panorama refleja una tendencia similar. Según datos del Ministerio de Educación Nacional en 2021, las mujeres representaron el 31% de las matrículas en primer semestre de carreras STEM. Sin embargo, su participación en actividades laborales relacionadas con tecnología e innovación apenas alcanzó el 31,5%, lo que muestra que los desafíos no se limitan al acceso a la educación, sino también a la inserción y permanencia en el mercado laboral.
En este contexto, el rol del sector productivo resulta determinante para generar condiciones reales de acceso, crecimiento y visibilidad para las mujeres en disciplinas científicas y tecnológicas. En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se conmemora cada año el 11 de febrero, distintas organizaciones han comenzado a fortalecer iniciativas que buscan cerrar estas brechas.
En línea con esta misión, en Itaú Colombia, actualmente el 40% de las posiciones STEM dentro de la entidad están ocupadas por mujeres, quienes participan en áreas como tecnología, analítica de datos, ingeniería, gestión del riesgo, finanzas y procesos de transformación organizacional.
Como parte de este proceso, el banco ha fortalecido sus acciones internas de formación y desarrollo, combinando contenidos técnicos, como analítica de datos, design thinking e inteligencia artificial, con el desarrollo de habilidades clave en liderazgo, comunicación y trabajo colaborativo. Estas iniciativas buscan responder a uno de los principales retos identificados en el sector: la necesidad de acompañar el crecimiento profesional de las mujeres más allá del acceso inicial a roles tecnológicos.
“Las mujeres ya están liderando procesos clave de transformación tecnológica, pero aún enfrentan barreras de visibilidad y desarrollo profesional. Por eso estamos estructurando un programa que acompañe su crecimiento y fortalezca su participación en roles estratégicos”, señala Isabela Fernandes, gerente de Comunicaciones y Sostenibilidad de Itaú Colombia, en referencia al programa que la entidad pondrá en marcha este año para más de 200 colaboradoras en roles STEM.
Según la ejecutiva, la sostenibilidad es un pilar que permea la estrategia de Itaú a nivel regional, por lo que las acciones encaminadas a fortalecer el compromiso del banco con los aspectos ASG son decisivas para los objetivos de la entidad en los 18 países en donde tiene presencia, incluyendo Colombia.
Asimismo, Fernandes asegura que la reducción de la brecha de género en ciencia y tecnología también requiere intervenciones desde etapas tempranas de formación. En esa línea, a través de un voluntariado corporativo, colaboradores del banco acompañan a 96 estudiantes de la Universidad de La Sabana que cursan programas como ingeniería de sistemas, ingeniería industrial e ingeniería química, con espacios de orientación profesional, educación financiera y empoderamiento femenino.
Estas iniciativas se enmarcan en una estrategia más amplia de diversidad, equidad e inclusión, que ha sido reconocida en distintos espacios del sector empresarial, como el Ranking PAR de Aequales y el sello Friendly Biz, que avalan la solidez y madurez de sus procesos DEI.
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Más allá de los indicadores, el desafío sigue siendo estructural. Incrementar la participación de las mujeres en ciencia y tecnología no solo contribuye a cerrar brechas de género, sino que amplía la diversidad de perspectivas en sectores clave para la innovación y el desarrollo del país. La articulación entre educación, empresa y sociedad se consolida como un factor decisivo para construir un ecosistema STEM más equitativo y representativo.
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