Las tarjetas empresariales están dejando de ser vistas solo como un medio de pago para convertirse en una fuente de información sobre gastos, proveedores, eficiencia operativa y planeación financiera.
Cerca del 60% de las facturas en el país se negocian a crédito, lo que ha impulsado el uso de herramientas como el factoring para anticipar ingresos y optimizar el flujo de caja. Con más de 1,5 millones de facturadores electrónicos y un ecosistema en crecimiento, el factoring ya moviliza recursos cercanos al 3% del PIB en Colombia.
El crédito al sector privado equivale aproximadamente al 41,1 % del PIB en Colombia, lo que evidencia tanto su importancia para el desarrollo económico como el potencial que existe para ampliar el acceso al financiamiento. La cartera total del sistema financiero colombiano supera los $762,8 billones, una cifra que muestra el papel clave que tiene el crédito en la operación de empresas, el consumo y la inversión en el país.
Según la ANDI, la presencia de mujeres en juntas directivas creció del 25 % al 33 % en el 2025. En la base de clientes de Kapital, el 28,47 % de las empresas activas en Colombia están lideradas por mujeres. Ese dinamismo también se refleja en la manera en que las mujeres están gestionando sus negocios.
El desafío para las pymes colombianas no es únicamente acceder a recursos, sino hacerlo con criterio y visión estratégica. En un entorno donde la liquidez puede definir la estabilidad empresarial, adoptar un enfoque de crédito saludable puede marcar la diferencia entre crecer de manera sostenible o comprometer el futuro del negocio.
Tras el aumento del salario mínimo por decreto, las pymes enfrentan un incremento inmediato en sus costos fijos, especialmente en nómina. En un contexto marcado además por la declaratoria de emergencia económica, la planeación financiera y la gestión del flujo de caja se vuelven críticas para la supervivencia empresarial.