Las tarjetas empresariales están dejando de ser vistas solo como un medio de pago para convertirse en una fuente de información sobre gastos, proveedores, eficiencia operativa y planeación financiera.
En un país donde las Mipymes representan el 99,5% del tejido empresarial formal y generan cerca del 79% del empleo, la discusión ya no es quién reemplaza a quién en el sistema financiero, sino qué modelo responde mejor a las necesidades reales de las empresas. En Colombia, el tejido empresarial sigue mostrando dinamismo, aunque con desafíos de sostenibilidad y liquidez.
Cerca del 60% de las facturas en el país se negocian a crédito, lo que ha impulsado el uso de herramientas como el factoring para anticipar ingresos y optimizar el flujo de caja. Con más de 1,5 millones de facturadores electrónicos y un ecosistema en crecimiento, el factoring ya moviliza recursos cercanos al 3% del PIB en Colombia.
El crédito al sector privado equivale aproximadamente al 41,1 % del PIB en Colombia, lo que evidencia tanto su importancia para el desarrollo económico como el potencial que existe para ampliar el acceso al financiamiento. La cartera total del sistema financiero colombiano supera los $762,8 billones, una cifra que muestra el papel clave que tiene el crédito en la operación de empresas, el consumo y la inversión en el país.
Según la ANDI, la presencia de mujeres en juntas directivas creció del 25 % al 33 % en el 2025. En la base de clientes de Kapital, el 28,47 % de las empresas activas en Colombia están lideradas por mujeres. Ese dinamismo también se refleja en la manera en que las mujeres están gestionando sus negocios.