En Colombia, una parte de los materiales que salen de las operaciones empresariales no necesariamente ha llegado al final de su vida útil. En lo corrido de 2026, Subastas & Comercio ha movilizado más de $180.000 millones en activos que las empresas ya no necesitaban, con 4.200 bienes comercializados entre enero y mayo y un crecimiento cercano al 45% frente al mismo periodo de 2025. A julio, la plataforma ya sumaba más de 5.700 lotes adjudicados, entre maquinaria, vehículos, equipos industriales, materiales, chatarra y activos tecnológicos, una dinámica que pone sobre la mesa una pregunta que trasciende la gestión de inventarios: ¿cuánto valor puede recuperarse antes de que un activo termine convertido en residuo?
“Un activo que ya no sirve en una empresa no ha llegado al final de su vida útil; muchas veces solo está en el lugar equivocado. Lo que para una compañía puede ser un excedente, para otra puede ser una herramienta necesaria para continuar o ampliar su operación”, explicó Martha Gómez, CEO de Subastas & Comercio.
La mayor parte de los bienes que recibe Subastas & Comercio no corresponde técnicamente a residuos, sino a bienes y excedentes que han dejado de ser necesarios para una empresa, pero conservan valor comercial para otro comprador. Entre ellos se encuentran chatarra ferrosa y no ferrosa, maquinaria amarilla, equipos industriales, vehículos usados, excedentes de producción, activos tecnológicos y eléctricos. Estos provienen de operaciones de sectores como hidrocarburos, energía, cemento, agroindustria y servicios petroleros, así como de bancos y aseguradoras que reciben bienes en dación de pago o producto de siniestros.
El volumen evidencia la dimensión de este mercado. Durante 2025, Subastas & Comercio comercializó 70.702 toneladas de chatarra, maquinaria y activos industriales, un 22% más que el año anterior, por cerca de $141.400 millones. A esto se sumaron alrededor de 7.500 vehículos, por unos $150.000 millones, para cerrar el año con cerca de $300.000 millones transados.
El impacto ambiental comienza precisamente cuando estos bienes dejan de permanecer inmovilizados y vuelven a encontrar un uso. En el caso de la chatarra, los materiales llegan a fundiciones y recicladores para regresar a la industria como materia prima, mientras que maquinaria, equipos, repuestos y vehículos pueden continuar funcionando en nuevas operaciones.
El potencial de este modelo también se refleja en el comportamiento de la demanda. Entre enero y mayo de 2026, la comercialización de excedentes industriales creció cerca de 105% frente al mismo periodo del año anterior. En maquinaria amarilla, la plataforma ya había adjudicado 390 equipos, un 30% más que durante todo 2025, mientras que la intensidad de puja por estos equipos aumentó 18%.
La lógica es distinta a la de desechar un activo, por ejemplo una excavadora que deja de ser necesaria para una operación petrolera puede convertirse en una herramienta para una obra vial, una empresa de alquiler de maquinaria, una actividad minera o un proyecto agroindustrial, de esta manera, el bien continúa generando valor sin que necesariamente deba fabricarse uno nuevo para atender esa necesidad.
Un caso reciente ilustra este proceso. Una entidad financiera recibió una retroexcavadora en dación de pago que no hacía parte de su operación y que, mientras permanecía detenida, generaba costos. El equipo fue puesto en subasta y adjudicado en una semana a un contratista del sector de vías que necesitaba maquinaria para un contrato de reconstrucción tras un terremoto. Dos semanas después ya estaba trabajando en la obra y fue adquirido por 35% menos que el valor de un equipo nuevo equivalente.
“Ese es el ciclo completo: un activo que para una empresa era un problema terminó reconstruyendo vías en otra. Para una empresa que crece por contratos y no por capital, muchas veces el problema no es cuánto cuesta el equipo, sino que no llegue a tiempo”, agrega Gómez.
Más allá del impacto ambiental, mantener bienes sin uso también tiene consecuencias económicas. Bodegaje, vigilancia, seguros y mantenimiento se suman al deterioro, la obsolescencia y la pérdida progresiva de valor comercial. En el caso de materiales abandonados, además, existe el riesgo de que aquello que todavía tenía valor termine convirtiéndose en residuo.
Por eso, el mercado secundario adquiere un papel relevante dentro de los modelos de economía circular: no basta con que una empresa quiera reutilizar un activo si no existe un comprador que pueda darle una nueva función. La plataforma de subastas actúa como punto de encuentro entre esa oferta y una demanda que, en muchos casos, está buscando activos para ponerlos a producir de inmediato.
Este mercado también muestra una demanda creciente. Subastas & Comercio cuenta con más de 150.000 usuarios registrados y señala que entre enero y mayo de 2026 sus compradores activos crecieron 50%. Entre quienes adquieren estos activos se encuentran contratistas de obra civil e infraestructura vial, empresas de movimiento de tierras, minería de mediana escala, agroindustria, cementeras y compañías de alquiler de maquinaria.
A esto se suma el componente económico para las empresas que venden: durante 2025, la comercialización de chatarra, maquinaria y activos industriales representó cerca de $141.400 millones recibidos por las compañías que pusieron estos bienes en circulación a través de la plataforma.
El fenómeno ocurre en un mercado más amplio de economía circular. De acuerdo con la cifra incluida por Subastas & Comercio en su análisis, la economía circular representó el 1,53% del PIB colombiano en 2024, equivalente a unos $26 billones y con un crecimiento de 8% frente a 2023.
Para la compañía, el desafío está en cambiar la manera en que las empresas gestionan aquello que ya no necesitan. “Lo que a una empresa le sobra es exactamente lo que otra necesita”, resume Gómez.
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Con ese enfoque, la meta de Subastas & Comercio para 2026 es cerrar el año con más de 10.000 activos comercializados y más de $430.000 millones movilizados, consolidando el mercado secundario como una alternativa para recuperar valor económico y extender el ciclo productivo de materiales, equipos y activos que todavía tienen una segunda oportunidad.
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