En Colombia, el debate financiero está cambiando. Durante años, la conversación sobre neobancos y banca tradicional se planteó en términos de disputa: velocidad contra estructura, experiencia digital contra trayectoria, innovación contra regulación. Hoy, la pregunta ya no es quién reemplaza a quién, sino qué modelo responde mejor a las necesidades reales de las empresas, y la respuesta que está emergiendo no favorece a ninguno de los dos extremos, sino a quienes logran combinar lo mejor de ambos.
Ese giro ocurre en un momento especialmente sensible para el aparato productivo. Según Confecámaras, con base en el Registro Único Empresarial y Social (RUES), en el primer semestre de 2025 se crearon 173.907 nuevas empresas en Colombia, 1,9% más que en el mismo periodo del año anterior. El dato confirma que el emprendimiento y la actividad empresarial siguen moviéndose, pero también refuerza una realidad de fondo: crear empresa no garantiza su estabilidad. El verdadero reto sigue siendo sostener la operación, gestionar el flujo de caja y crecer con mayor previsibilidad.
Además, los números del DANE precisan esa tensión, en el segundo trimestre de 2025 la cantidad de micronegocios aumentó 4,7% frente al mismo periodo del año anterior; sin embargo, sus ingresos cayeron 7,8% y el personal ocupado disminuyó 1,5%. En otras palabras, hay más unidades productivas, pero no necesariamente más fortaleza financiera, una brecha que vuelve más urgente la evolución del sistema hacia modelos más flexibles y útiles para la operación diaria.
En ese escenario, comienza a tomar fuerza un modelo híbrido en el que se combinan atributos tradicionalmente separados. Por un lado, la regulación, la infraestructura y la profundidad operativa del sistema financiero; por el otro, la velocidad, la analítica, la experiencia digital y la capacidad de diseño de soluciones más ajustadas al ciclo real del negocio.
En Colombia, este modelo ya tiene expresiones concretas con entidades tradicionales que han avanzado en la digitalización de sus servicios para pymes, y actores fintech que han construido propuestas centradas en financiamiento ágil y gestión de liquidez para pequeños empresarios. Asobancaria ha señalado que esta transformación está impulsada, en buena medida, por la experiencia del cliente y la llegada de nuevos actores que complementan, más que sustituyen, la oferta existente.
Para Kapital, este cambio es especialmente relevante en el segmento pyme, donde el principal cuello de botella no es solamente el acceso al crédito, sino la administración de la liquidez. La compañía sostiene que muchas empresas no se frenan por falta de oportunidades comerciales, sino por desajustes entre pagos, recaudos y necesidades de operación. Bajo esa lógica, su propuesta en Colombia se ha enfocado en integrar financiamiento, pagos, recaudo y control financiero en un solo ecosistema, con herramientas pensadas para acompañar la tesorería del negocio en tiempo real.
“El futuro financiero de las pymes en Colombia no está en competir entre neobancos y banca tradicional, sino en integrar sus fortalezas para ofrecer soluciones más inteligentes. Hoy las empresas necesitan liquidez, agilidad, visibilidad y productos que entiendan su operación.”, afirmó René Saul, CEO de Kapital.
En Colombia, Kapital consolida tres años de operación con más de USD 86 millones colocados, más de 1.300 pymes impulsadas, más de 850 clientes activos y presencia en cerca del 80% del territorio nacional, con foco en regiones estratégicas como Bogotá y alrededores, Antioquia, Valle del Cauca y San Andrés. La compañía señala además que el 94% de su cartera corresponde a micro y pequeñas empresas, precisamente los segmentos que históricamente han enfrentado mayores barreras para acceder a soluciones financieras alineadas con sus ciclos de negocio.
Es por esto que hoy el valor para las pymes no está únicamente en acceder a capital, sino en poder elegir entre alternativas cada vez más diversas, sólidas y ajustadas a su realidad operativa. En ese nuevo escenario, ganan relevancia las soluciones que combinan respaldo financiero con tecnología, agilidad, visibilidad sobre el flujo de caja y herramientas que faciliten la toma de decisiones en el día a día empresarial.
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Más allá de la discusión entre neobancos y banca tradicional, lo que empieza a consolidarse en Colombia es un ecosistema con más opciones para las pymes. Para las empresas, la verdadera oportunidad está en contar con alternativas confiables, complementarias y cada vez más especializadas, capaces de responder a distintos momentos del negocio. En un país donde las pymes sostienen buena parte del empleo y del tejido productivo, esa mayor diversidad de soluciones financieras puede convertirse en un factor decisivo para su sostenibilidad y crecimiento.
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