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Fedegán presenta a MinAgricultura el Plan para la recuperación de zonas afectadas por el invierno

La afectación ganadera, la cual, solo en Córdoba, Bolívar y norte de Antioquia arroja, según los últimos registros, 38 municipios con daños en 8.577 predios ganaderos que cubren 182.389 hectáreas, afectando a más de 493 mil bovinos que han quedado sin alimento en suelos inundados o anegados, con alto riesgo sanitario, o han debido ser desplazados a zonas más altas.

En una carta dirigida a la ministra de Agricultura Martha Viviana Carvajalino, José Félix Lafaurie Rivera, presidente Ejecutivo de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), expone un Plan para la recuperación de zonas afectadas por el invierno en Antioquia, Bolívar y Córdoba, entre otros departamentos.

Presenta además, un informe de las afectaciones por lluvias del frente costero en los departamentos afectados en la emergencia invernal.

Presentamos algunos apartes de la carta:

Colombia se encuentra en una zona tropical que la hace vulnerable a las variaciones climáticas, situación que ocasiona desastres naturales, ya sea por invierno o por verano. En los últimos años, desde 2009, el país se ha visto expuesto a seis fenómenos de El Niño y tres de La Niña, uno de ellos doble-dip (2011-2012) y otro triple-dip (2020-2023), es decir, con condiciones extremas sostenidas durante dos o tres temporadas consecutivas – de lluvias o verano–, sin regresar plenamente a condiciones neutrales entre una y otra.

A estos fenómenos, que son de largo plazo y alta predictibilidad, a pesar de lo cual han sido catastróficos, se suman ahora los “frentes fríos”, de muy poca duración, pero también de baja predictibilidad, no solo en cuanto a su ocurrencia, sino a su intensidad, por lo que, como explicó la directora del IDEAM a los medios, su impacto real solo puede conocerse con apenas días de antelación, como sucedió con los que afectaron a Colombia entre finales del enero y comienzos de febrero, “atípicos” por un nivel de precipitaciones que sobrepasó cualquier previsión y porque se produjeron en medio de la temporada de verano.

En ese contexto, señora ministra, cada vez es más claro el alto nivel de vulnerabilidad del país y de algunas regiones en particular, frente a los fenómenos climáticos, predecibles o no, lo cual, en principio, señala una prioridad para el Estado como un todo, orientada a desarrollar en el mediano plazo soluciones estructurales, tanto de prevención en cuanto sea posible, como de mitigación de daños con la oportunidad y eficacia requeridas.

Frente a la grave coyuntura que enfrentan varios departamentos y, sobre todo, la Región Caribe, dramática en el departamento de Córdoba, cuyas cifras de damnificados crecen con los días, me quiero referir a la afectación ganadera, la cual, solo en Córdoba, Bolívar y norte de Antioquia arroja, según nuestros últimos registros, 38 municipios con daños en 8.577 predios ganaderos que cubren 182.389 hectáreas, afectando a más de 493 mil bovinos que han quedado sin alimento en suelos inundados o anegados, con alto riesgo sanitario, o han debido ser desplazados a zonas más altas.

Entendemos que la prioridad es mitigar la crisis humanitaria, y en esa dirección, FEDEGÁN, por intermedio de la Fundación Colombia Ganadera, FUNDAGÁN, ha desarrollado iniciativas solidarias en las zonas más afectadas, línea de acción en la cual nos ponemos a su disposición para eventuales programas de apoyo liderados por la cartera a su cargo.

Sin embargo, tan importante como la atención de la emergencia, lo es la atención, desde ya, del posterior proceso de recuperación, no solo de la infraestructura física (carreteras, puentes, acueductos, etc.), sino la reparación de la infraestructura de producción (cercas, establos, maquinaria, etc.) y en nuestro caso, la atención en salud a los animales afectados y lo principal: la recuperación de LA TIERRA.

En efecto, una vez bajen las aguas y la humedad de los terrenos se estabilice después de una inundación de semejantes proporciones, las praderas habrán desaparecido y será necesario empezar desde cero la preparación de tierras y siembra de pasturas, en procesos que tomarán no menos de seis meses antes de ser utilizadas.

Así las cosas, además de la pérdida total de pasturas establecidas y animales muertos o desaparecidos, y de los costos de reparaciones de la infraestructura de producción, los animales afectados deben seguir siendo alimentados y, por tanto, el arrendamiento de pasturas y/o la suplementación serán un costo que se suma a una situación que, definitivamente, el productor ganadero no está en condiciones de asumir sin apoyo gubernamental, con medidas también de coyuntura, es decir, de muy corto plazo, y otras con vocación de soluciones estructurales, que no por ello pueden aplazarse indefinidamente, dada la cada vez mayor frecuencia de estos fenómenos climáticos.

En el corto plazo: Lo muy urgente

  • Congelar, entre seis meses y un año, el cobro de capital e intereses de los créditos agropecuarios en las zonas afectadas, cuya fuente de generación de ingresos para el pago fue destruida por las inundaciones. La congelación derivará en una ampliación del plazo del crédito y los intereses generados dentro del periodo de congelación no tendrán la condición de “mora” y serán diferidos durante un año, para ser pagados con las cuotas corrientes a partir de la descongelación del crédito.
  • Línea especial de crédito con “tasa cero” (de inflación), plazo a 5 años, periodo de gracia de un (1) año y cubrimiento del FAG, destinada exclusivamente a financiar la recuperación de los daños ocasionados por las inundaciones.
  • La tributación sobre la tierra debe responder a su capacidad productiva. Por lo tanto, frente a la destrucción de esa capacidad productiva por las inundaciones y a los altos costos de su recuperación, deben buscarse mecanismos de consenso, ya sea directamente con los municipios afectados o a través de los respectivos departamentos o de Fedemunicipios, para que los consejos exoneren del impuesto predial de la vigencia 2026 a los predios afectados por el desastre invernal o, en su defecto, les apliquen transitoriamente la tarifa mínima del 1 por mil sobre el avalúo catastral.

En el corto plazo: Lo necesario

  • En anteriores emergencias, invernales y de sequías, se desarrollaron convenios entre el MADR y FEDEGÁN para la compra, bodegaje y distribución gratuita a pequeños ganaderos de suplemento alimenticio, silo específicamente, pues la relación peso/volumen del heno encarece excesivamente el transporte. Es una estrategia que fue exitosa y en la que el gremio está dispuesto a colaborar nuevamente.
  • Para los medianos y grandes productores, también muy afectados, pues el desastre no discrimina, se puede contemplar la venta subsidiada a través de la red de almacenes de insumos en los municipios, incluyendo el subsidio a la semilla de pastos para todos los rangos de productores; un mecanismo que, de hecho, el MADR ya implementó a través del Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios (FAIA), creado en 2022 a raíz de la aguda crisis mundial de los precios de los fertilizantes.
  • Es necesaria la asignación de recursos para el fortalecimiento del Incentivo de Asistencia Técnica gremial, IAT gremial, que permita aumentar significativamente y en corto tiempo este servicio de los gremios a sus productores en las zonas afectadas, con énfasis en el apoyo agronómico para la recuperación de las tierras y las praderas, muy necesario para los pequeños y medianos productores principalmente. Proyectos con este enfoque podrían ser desarrollados en las zonas ganaderas afectadas, a través de nuestra red de Centros de Servicios Tecnológicos Ganaderos, Tecnig@n.

Finalmente, para el acceso a estas medidas de emergencia será necesario, en la medida de lo posible, georreferenciar las zonas de desastre y diseñar un mecanismo sencillo pero eficaz de certificación de predio afectado, para blindar el proceso frente a inundaciones “donde no hay ríos” y a damnificados que no lo son.

Las anteriores medidas, señora ministra, no solo son posibles para recuperar con urgencia la capacidad de generación de riqueza en las regiones afectadas y, con ello, preservar también el clima social, sino que son, de alguna manera, un reconocimiento de la responsabilidad de los gobiernos –no de este solamente– por su limitada capacidad de prevención y reacción frente al riesgo cada vez más frecuente de desastres naturales. La memoria colectiva, que es más severa cuando se es víctima, tiene aún presentes los episodios de corrupción en la UNGRD y, en esta región en particular, la solución siempre aplazada del Dique Caregato en La Mojana.

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Por ahora, este aporte busca contribuir a superar esta hora difícil para los habitantes de las zonas afectadas y a la recuperación de las actividades de las cuales derivan su sustento, la ganadería entre ellas. En ese orden de ideas, señora ministra, le reitero nuestra mejor disposición para contribuir en su implementación o en la de las medidas de política pública con las que el ministerio decida acompañar a los pobladores y acometer la recuperación integral de estas regiones. Culmina la carta.

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