El estudiante de 18 años de edad, se presentó en compañía de su abogado defensor y ofreció excusas por lo sucedido, y según indicó, “no midió la consecuencia de sus actos”.
La interceptación de más 63 líneas telefónicas por más de 10 meses, y operaciones encubiertas, evidenciaron que los 11 capturados desarrollarían al interior de la organización roles como distribuidores, vendedores, coordinadores y proveedores. Ninguno de los procesados aceptó su responsabilidad en los hechos.