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Experto analiza la reunión entre Trump y Petro y su impacto en la relación entre Estados Unidos, Colombia y la región

Chema Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid, considera que este encuentro debe analizarse desde tres dimensiones clave.

A propósito de la reunión que se sostendrá hoy en Washington, EE.UU., entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, el catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid, Chema Peredo, considera que este encuentro debe analizarse desde tres dimensiones clave: la relación histórica entre ambos países, el perfil político de los dos mandatarios y el contexto regional, particularmente la situación reciente en Venezuela.

Una relación bilateral históricamente sólida

En primer lugar, Peredo subraya que Colombia ha sido, históricamente, el principal aliado de Estados Unidos en el subcontinente latinoamericano y el Caribe. Una relación que, si bien ha atravesado momentos de tensión y ajustes —desde el contexto de la Guerra Fría y el conflicto armado interno colombiano hasta las dinámicas del narcotráfico—, se ha caracterizado por una cooperación intensa en los ámbitos militar, diplomático y político.

Estados Unidos y Colombia han construido una relación fructífera basada en la defensa de un sistema democrático, liberal y de alternancia política. En ese sentido, esta reunión se inscribe dentro de la normalidad de una relación bilateral que ha sido, en términos generales, exitosa”, explica el académico.

El perfil de los presidentes y la polarización política

El segundo eje de análisis se centra en el perfil de ambos mandatarios. Para Peredo, si bien Gustavo Petro proviene de una tradición política crítica frente a Estados Unidos, no puede afirmarse que exista una animadversión estructural del actual Gobierno colombiano hacia Washington.

El presidente Petro es, en buena medida, un producto del posconflicto colombiano, de una sociedad profundamente polarizada y de un contexto de populismo que atraviesa tanto a la izquierda como a la derecha en América Latina”, señala. En ese marco, el experto advierte que las tensiones ideológicas no necesariamente se traducen en una ruptura de las relaciones bilaterales, como ha ocurrido en otros países de la región en distintos momentos.

En cuanto a Donald Trump, Peredo recuerda que su liderazgo también responde a una dinámica global de debilitamiento de los partidos tradicionales y auge del populismo, pero aclara que la política exterior estadounidense hacia Colombia no ha sufrido modificaciones sustanciales y sigue considerando al país como un socio estratégico.

El contexto regional y el factor Venezuela

El tercer elemento clave es el contexto regional, especialmente la situación en Venezuela y el liderazgo de Nicolás Maduro. Según Peredo, este escenario estará presente en las conversaciones, dado que el Caribe y el norte de Suramérica son zonas estratégicas para Estados Unidos desde el punto de vista de su seguridad nacional.

Colombia es un país clave por su ubicación geográfica, su cercanía al canal de Panamá y su papel en temas sensibles como el narcotráfico. Esto hace que el interés de Estados Unidos vaya más allá de lo histórico y se inscriba en una estrategia de seguridad nacional”, explica.

No obstante, el académico descarta cualquier comparación entre Colombia y Venezuela. “El Gobierno de Gustavo Petro es un gobierno legítimo, surgido de las urnas, y no es previsible ningún escenario similar al venezolano. Sí pueden existir fricciones o tensiones puntuales, pero dentro de los marcos democráticos”, aclara.

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Un encuentro pragmático

Finalmente, Chema Peredo considera que esta reunión puede romper ciertos esquemas y enviar un mensaje claro: Estados Unidos mantiene su capacidad de diálogo y negociación con gobiernos de distintas orientaciones ideológicas.

En la lógica pragmática y transaccional de Donald Trump, este encuentro puede convertirse en una señal de que Washington está dispuesto a negociar con cualquier interlocutor legítimo, incluso si no comparte plenamente su orientación ideológica”, concluye.

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