Correr, montar bicicleta, entrenar en un gimnasio o participar en competencias deportivas se ha convertido en parte de la rutina de un número creciente de personas. Esta tendencia representa una oportunidad para mejorar la salud y el bienestar, pero también aumenta la exposición a sobrecargas y lesiones cuando la intensidad, la frecuencia o las distancias avanzan más rápido que la preparación del cuerpo.
En Colombia, cerca del 51 % de la población adulta cumple las recomendaciones de actividad física, de acuerdo con información divulgada por el Ministerio del Deporte a partir de datos del Observatorio Global de Actividad Física. Esta referencia permite dimensionar la importancia de promover hábitos de movimiento y estilos de vida saludables en el país.
El interés por el running es una de las expresiones más visibles de este fenómeno. La Media Maratón de Bogotá, uno de los eventos deportivos más masivos del país, reunió a 42.000 atletas de 44 países y de los 32 departamentos de Colombia en su edición de 2025, con recorridos de 10 y 21 kilómetros..
La tendencia trasciende las fronteras colombianas. El reporte global Year in Sport de Strava, elaborado con información de una comunidad de más de 135 millones de personas y una encuesta a más de 5.000 participantes, registró un crecimiento del 59 % en la participación en clubes de running durante 2024. La misma medición identificó un aumento del 9 % en los registros de maratones, ultramaratones y recorridos de ciclismo de 100 millas.
A medida que aumenta la práctica deportiva, también crece la exposición del cuerpo a movimientos repetitivos, impactos y cambios en la intensidad del entrenamiento. Esto ocurre especialmente entre quienes comienzan una actividad o incrementan rápidamente las distancias y las cargas sin contar con una preparación progresiva.
Una revisión sistemática y metaanálisis encontró una incidencia de 17,8 lesiones por cada 1.000 horas de carrera entre corredores principiantes, frente a 7,7 entre corredores recreativos con mayor experiencia. El dato demuestra la importancia de avanzar gradualmente, respetar los tiempos de descanso y prestar atención a las señales del cuerpo.
“El crecimiento de la actividad física es una noticia positiva, pero también nos recuerda la importancia de preparar el cuerpo y reconocer sus señales. No se trata solamente de entrenar más, sino de hacerlo de manera progresiva, con descansos adecuados y utilizando correctamente las herramientas que pueden acompañar el movimiento y la recuperación”, señala Ingrid Olivares, gerente de educación clínica de Essity.

Del deporte profesional a la práctica cotidiana
Este mayor interés por el cuidado físico también ha impulsado el conocimiento de herramientas que durante años estuvieron asociadas principalmente con los atletas de alto rendimiento. Una de ellas es el taping o vendaje deportivo, cada vez más visible entre corredores, ciclistas, personas que entrenan en gimnasios y practicantes de diferentes disciplinas.
Muchos aficionados reconocen estas cintas por haberlas visto en futbolistas durante los partidos, adheridas a zonas como hombros, rodillas, muslos o pantorrillas. Sin embargo, su uso se extiende a numerosas actividades deportivas y también puede formar parte de procesos de fisioterapia y recuperación física.
El taping reúne diferentes técnicas de vendaje aplicadas directamente sobre la piel. En el deporte se utilizan, entre otras, cintas rígidas que brindan estabilidad y cintas elásticas o kinesiológicas, diseñadas para adaptarse al movimiento sin limitar completamente el rango articular.
Estas últimas pueden utilizarse en hombros, espalda, rodillas, muslos, pantorrillas y tobillos. Dependiendo de las necesidades de cada persona y de la técnica empleada, pueden brindar soporte sensorial, acompañar el manejo de molestias musculares y favorecer la percepción y el control del movimiento.
Su aplicación debe responder a una valoración individual, especialmente cuando existe dolor persistente, inflamación o alguna lesión previa. También es importante incorporarlas dentro de una rutina que contemple calentamiento, fortalecimiento, recuperación y regulación de las cargas de entrenamiento.
Entre las alternativas de esta categoría se encuentra Leukotape® K, una cinta kinesiológica elástica desarrollada para adaptarse al movimiento natural del cuerpo. Su soporte de algodón es transpirable y repelente al agua, mientras que su adherencia permite mantenerla sobre la piel hasta por nueve días, incluso durante la ducha, frente al sudor o en condiciones de actividad física intensa. Además, su formulación no está hecha con látex de caucho natural y ha sido dermatológicamente testeada.
Recomendaciones antes de utilizar una cinta kinesiológica
- Buscar valoración profesional cuando exista dolor intenso o persistente, inflamación marcada, pérdida de fuerza, inestabilidad o dificultad para apoyar una extremidad.
- Aplicar la cinta sobre piel limpia, seca e íntegra, siguiendo la técnica y la tensión recomendadas por un kinesiólogo u otro profesional de la salud.
- Retirarla si aparece irritación, ardor, enrojecimiento importante o cualquier otra reacción cutánea.
- Entenderla como parte de un abordaje que puede incluir ajuste de cargas, descanso, movilidad, fortalecimiento y rehabilitación.
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“El aumento de la práctica deportiva abre una oportunidad para mejorar la salud, pero también exige una mayor cultura de prevención. El uso responsable de herramientas como las cintas kinesiológicas puede acompañar este proceso, siempre que forme parte de una preparación adecuada y no sustituya la atención de las señales del cuerpo”, concluye Ingrid Olivares, gerente de educación clínica de Essity.
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