Un nuevo informe elaborado por la Fundación Ellen MacArthur en el marco del plan de trabajo de la Coalición de Economía Circular para América Latina y el Caribe, donde se analizaron 31 instrumentos de política pública relacionados con la economía circular y los materiales de base biológica —como papel, fibras naturales, bioquímicos, cuero, caucho y madera— en 12 países, muestra que los materiales de base biológica aún son gestionados de forma fragmentada, lo que limita su potencial dentro de la economía circular.
Mientras que las estrategias de economía circular consideran los biomateriales principalmente como sustitutos directos de insumos no renovables, las políticas públicas orientadas a los biomateriales refuerzan la lógica lineal de extracción, producción y descarte. Con ello, se pierden importantes oportunidades socioeconómicas y ambientales. Este y otros hallazgos forman parte del informe Circular por Naturaleza: Una Agenda de Políticas públicas para Biomateriales en una Economía Circular, lanzado hoy.
Para la directora ejecutiva de la Fundación Ellen MacArthur en América Latina, Luisa Santiago, aplicar los principios de la economía circular a las cadenas de biomateriales representa un camino hacia un mejor desarrollo basado en los abundantes recursos naturales y biológicos de la región.
“Existe una oportunidad aún poco aprovechada para impulsar el desarrollo de países abundantes en naturaleza mediante la economía circular. La producción regenerativa de biomateriales es una forma no solo de generar beneficios para el clima y la biodiversidad, sino también de generar resiliencia en la producción agrícola, salvaguardando sus ricos activos naturales en el largo plazo”, completa Santiago.
De acuerdo con Juan Bello, Representante y Director para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, este nuevo informe señala un camino para articular dos áreas fundamentales en la agenda de desarrollo sostenible de los países de la región: la biodiversidad y la economía circular.
“América Latina y el Caribe cuentan con una biodiversidad única, que representa un potencial estratégico para avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles”, agregó. “Este nuevo informe ofrece una guía para que los países de la región puedan alinear sus políticas con esa visión y avanzar hacia una economía baja en carbono, inclusiva y alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.
En este sentido, con el fin de enfrentar esta desconexión entre las políticas de economía circular y las de biomateriales, el informe presenta cinco pilares de recomendaciones de política pública, que generan impactos más significativos cuando se aplican de forma integrada:
- Desarrollar productos para la circularidad con foco en la regeneración
- Viabilizar la circulación segura y eficiente de materiales de base biológica.
- promover incentivos financieros y fiscales adecuados.
- invertir en innovación, capacitación e infraestructura.
- fortalecer la colaboración entre instituciones, sectores y países.

Casos del sector privado muestran el potencial del modelo
Empresas consolidadas en el mercado global ya vienen priorizando estrategias de uso de biomateriales más alineadas con los principios de la economía circular, desde la elección de los materiales y sus orígenes hasta el diseño, la producción y las estrategias para mantener los productos y materiales en uso durante más tiempo.
Gucci, por ejemplo, una de las marcas más reconocidas del segmento de lujo, ha invertido en producción regenerativa, con foco en mejorar la salud del suelo, la biodiversidad y la captura de carbono, además de fortalecer la resiliencia de su cadena de suministro y garantizar que sus colecciones estén hechas con materiales de alta calidad y totalmente trazables. La empresa también mantiene centros de reparación para garantizar la longevidad y el uso continuo de sus piezas.
En Colombia, la fabricante de moda Crystal S.A.S también viene utilizando modelos circulares y regenerativos para fortalecer su cadena productiva y apoyar la recuperación de la industria local del algodón. La empresa invierte en el cultivo regenerativo de la fibra, en rotación con arroz, maíz y soja, para restaurar la salud del suelo y reducir la dependencia del algodón importado. Además, en alianza con universidades, como la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), la compañía investiga nuevas fibras de origen biológico, como piña, fique y banana, impulsando el desarrollo de bioindustrias locales.
Le puede interesar: Audiencia latina impulsa la cita futbolera de 2026: marcas logran hasta +7 puntos en recordación
Pero esta tendencia no se limita al sector textil. En el segmento de papel y embalajes, la empresa brasileña Klabin apuesta por un sistema de cultivo en modelo de mosaico, que intercala especies nativas con bosques de especies comerciales, aumentando la productividad al mismo tiempo que contribuye a la biodiversidad local. Además, la empresa aprovecha su infraestructura de reciclaje de cartón para reducir la dependencia de fibras vírgenes, al mismo tiempo que explora oportunidades para reutilizar subproductos del papel, como la lignina.
Lea también: Bitso Business anuncia su expansión a Asia y lanza nueva infraestructura global de pagos FX
