“El tiempo es un sonido que no escuchamos” “Cuando ves un relámpago, las venas del cuerpo, un huracán o la trayectoria de una abeja, te das cuenta de que las líneas son muy parecidas. Es algo mágico cómo se repite ese patrón”. “Al entender que pertenecemos todos a un mismo sistema, como seres humanos también creo que nos volvemos más compasivos, porque somos parte de un todo”. “Eso es la magia del instante: transmitir la relatividad de las cosas, que no todo es solamente lo que vemos, sino que hay muchísimas formas de apreciar un instante”.
Glenda León
¿A qué suena el tiempo? La pregunta parece imposible de responder. Sin embargo, es precisamente desde esa paradoja que Glenda León construye “El tiempo es un sonido que no escuchamos”, su primera exposición individual en Colombia, abierta al público en galería La Cometa en Bogotá. A través de su obra, Glenda presenta “una reflexión poética frente al tiempo, cómo nos relacionamos con el mundo y también con una suerte de levedad frente a la gravedad de la situación actual”, indicó Ana Cárdenas, Coordinadora Artística de Galería La Cometa.
Reconocida por una práctica creativa que encuentra poesía en objetos cotidianos, fenómenos naturales y relaciones aparentemente invisibles, Glenda León propone en esta muestra detenerse frente a aquello que normalmente pasa inadvertido: el tiempo que transcurre, el instante que puede cambiar una vida, los patrones que conectan la naturaleza y la forma en que nuestra percepción construye aquello que llamamos realidad.
La exposición reúne 22 obras, entre instalaciones, objetos, textiles y piezas de pequeño y gran formato. Algunas se presentan por primera vez y otras revisitan investigaciones anteriores de la artista. Los materiales son diversos —vidrio, bronce, textiles, ramas, luz LED y manecillas de reloj, entre otros—, pero, como explica León, “los materiales para mí son simplemente medios, el hilo conductor está en el concepto”.
En una nueva serie, las manecillas de reloj dejan de cumplir su función habitual para convertirse en elementos con los que la artista dibuja, construye relaciones espaciales y cuestiona nuestra manera de medir y controlar el tiempo. En otras obras, la artista vuelve la mirada hacia la naturaleza para encontrar patrones que se repiten en las trayectorias de un huracán, el cauce de un río, el vuelo de una abeja, un relámpago o las formas de una rama.
Una de las piezas de la exposición, Espejismos, reproduce mediante una estructura de luz LED la forma de una rama, creando la imagen de un relámpago. Para León, esta obra evidencia cómo una misma estructura puede ser percibida de maneras diferentes y cómo el arte puede abrir otras formas de mirar. “Lo del arte es eso: no es solo lo que yo estoy diciendo. Me encanta escuchar nuevas interpretaciones.”
El tiempo como paradoja
Para Glenda León, el tiempo ha sido una preocupación constante a lo largo de su trayectoria. En esta exposición aparece no como una unidad que pueda medirse fácilmente, sino como una experiencia relativa, subjetiva y, en ocasiones, imposible de atrapar. “Hay situaciones en que no hace falta medir el tiempo”, explica. “Te pones a hablar con alguien, parece que fueron dos minutos y al final te dicen: ‘te pasaste tres horas ahí’. Es como esa relatividad. Medimos el tiempo con unos parámetros, pero al final no siempre son útiles”.
La artista también se interesa por aquello que puede suceder dentro de un instante. Una decisión aparentemente mínima, un encuentro fortuito o un cambio de dirección pueden modificar el curso de una vida. “Hay como diferentes vidas, quizás, esperando diferentes desarrollos en tu vida, esperando una decisión tuya o simplemente una cosa del azar”, afirma.
Desde allí aparece una de las ideas centrales de la muestra: la multiplicidad de probabilidades de un instante, concepto que la artista relaciona con su interés por la física cuántica y que, según explica, ha funcionado como uno de los motores de su trabajo.

Escuchar para poder ver
La exposición también establece una relación entre el tiempo y el acto de escuchar. Para Glenda León, escuchar no significa únicamente percibir un sonido, sino estar verdaderamente presente y abierto a otras posibilidades de percepción. “Lo que me interesa es aportar algo que nadie haya visto antes”, señala. “Cuando uno ve algo completamente inesperado, nuevo, se produce un estado de asombro. Y ese asombro puede abrir nuevas perspectivas, nuevos ojos, una nueva forma de mirar el mundo”.
Por eso, más que imponer una interpretación, la artista espera que sus obras produzcan una experiencia de descubrimiento. “Lo que espero del espectador es eso: que se sorprenda, que pueda aportarle algo nuevo, una nueva perspectiva del mundo, nuevos ojos, una nueva forma de mirar el mundo.” Y para quienes visiten la exposición, León propone una invitación particular: “Los invitaría a escuchar la voz del Ver”. La frase, tomada de Las enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda, alude a una forma de percepción que permite ver más allá de aquello que habitualmente vemos.
Naturaleza: un mismo patrón, una misma energía
Tres textiles presentes en la exposición hacen parte de una investigación que León desarrolla desde hace años sobre los patrones que se repiten en la naturaleza. Cada uno representa, como una mínima partitura musical, una línea asociada a un fenómeno o recorrido natural: el vuelo de una abeja, el cauce de un río y la trayectoria de un huracán. La artista encuentra en estas semejanzas una evidencia poética de nuestra conexión con el mundo natural. “Cuando ves un relámpago, las venas del cuerpo, un huracán o la trayectoria de una abeja, te das cuenta de que las líneas son muy parecidas. Es algo mágico cómo se repite ese patrón.”
Esta observación conduce a una reflexión más amplia sobre nuestra relación con los demás seres y con el entorno: “al entender que pertenecemos todos a un mismo sistema, como seres humanos también creo que nos volvemos más compasivos y comprendemos que si dañas algo del exterior, a alguna persona, a algún animal, cualquier cosa que puedas hacer, también representa un daño hacia ti mismo, porque somos parte de un todo.”
Bogotá como parte de la obra
La primera exposición individual de Glenda León en Colombia no es, además, una muestra completamente desligada del territorio donde se presenta. Varias piezas incorporan procesos y elementos de producción local. Una rama utilizada en una de las obras proviene de las inmediaciones del taller donde se están realizando las piezas. Los textiles fueron elaborados por una madre y su hija tejedoras, mientras que parte de los trabajos en vidrio también fueron producidos en Colombia. Para León, esta relación con lo local resulta especialmente significativa después de su primer acercamiento a Bogotá a propósito de la bienal anterior. “Me gustó mucho la efervescencia creativa que hay, la efervescencia cultural, la gente que es muy cálida, muy espontánea. Y La Cometa tiene una trayectoria que es muy respetada. Para mí es un privilegio poder tener el respaldo de una galería con tanta trayectoria y tanto nivel de profesionalidad.”

¿Qué espera que suceda cuando un espectador se encuentre con sus obras?
Primero, lo que me gusta aportar es algo que nadie haya visto antes, que no se haya visto antes, porque eso produce un estado de asombro que me interesa mucho. Como Borges, una frase que me gusta mucho: “He dicho asombro donde otros dicen costumbre”. Ese asombro va acompañado de nuevas conexiones neuronales, porque cuando uno ve algo completamente inesperado, nuevo, según los científicos, empiezan a conectarse nuevas neuronas en nuestro cerebro. Y al conectarse nuevas neuronas somos más abiertos, más tolerantes, más creativos. Entonces, lo que espero del espectador es eso: que se sorprenda, aportarle algo nuevo, una nueva perspectiva del mundo, nuevos ojos, una nueva forma de mirar el mundo.
¿De dónde nace su investigación sobre las partituras y los patrones de la naturaleza?
Esos son los tres textiles que vamos a exhibir. Son una partitura mínima, porque es un solo renglón de la partitura, y una línea que en cada caso responde al vuelo de una abeja, al cauce de un río o a la trayectoria de un huracán. Es una investigación que empecé hace tiempo, desde el año 2010, y que profundicé durante el confinamiento. Me interesa la relación entre diferentes elementos de la naturaleza y cómo hay un patrón que se repite. Cuando ves un relámpago, las venas del cuerpo, un huracán o la trayectoria de una abeja, te das cuenta de que las líneas son muy parecidas. Para mí es como un patrón divino, que no es más que la representación de la misma energía a la que pertenecemos.
¿Cómo aparece el tiempo en las nuevas obras?
El uso de las manecillas del reloj es, como en otras ocasiones, una manera de utilizar un elemento cargado de simbolismo. Antes he usado el pelo, el chicle o las cuerdas de guitarra para dibujar. Ahora uso las manecillas como una referencia al tiempo, al control del tiempo, y para cuestionarnos qué es el tiempo. Medir el tiempo es una construcción social. Es muy interesante pensar de dónde viene esa idea de medirlo. La medición del tiempo empieza en los conventos medievales, con las campanas que anunciaban los tiempos de rezo, y luego, con la Revolución Industrial, los relojes se convierten también en herramientas para controlar el tiempo del obrero. Lo que me interesa es desmantelar todo esto y convertir las manecillas del reloj en formas de representar un sonido, en una regla, en una manera de cambiar el espacio y establecer una relación entre espacio y tiempo.
¿A qué suena el tiempo?
Es una cosa que no había pensado. Fue una frase que se me ocurrió hablando un poco de la imposibilidad de atrapar el tiempo, de verlo, de escucharlo. Pero quizás la exposición sea un intento por representar otras formas de no tiempo. También hablo de esa relatividad: a veces estás hablando con alguien, parece que fueron dos minutos y al final te dicen: “Oye, pero te pasaste tres horas ahí”. Medimos el tiempo con unos parámetros, pero al final no siempre son útiles. Hay situaciones en que no hace falta medir el tiempo. Quizás sí he escuchado el tiempo en ese sentido.
¿Qué significa para usted la multiplicidad de probabilidades de un instante?
Es una cosa que me ha fascinado, un concepto que viene de la física cuántica, y que para mí ha sido un motor para hacer mi trabajo. Es mágico cómo en un instante te puede cambiar la vida. Hay películas que lo reflejan muy bien: dos personas se desencuentran porque en un momento uno mira hacia un lado y el otro se agacha para coger una llave. Son instantes que te pueden cambiar la vida. O vas caminando por una calle, decides doblar la esquina y ahí te encuentras con una persona que hacía treinta años no veías, y ese encuentro te puede cambiar el día o la vida. Eso es la magia del instante. Transmitir la relatividad de las cosas: que no todo es solamente lo que vemos, sino que hay muchísimas formas de apreciar un instante.
¿Qué invitación hace al público frente a esta exposición?
Los invitaría a escuchar la voz del Ver. No es una frase mía, sino de Carlos Castaneda, en Las enseñanzas de Don Juan. Es una frase que explica cómo los chamanes podían escuchar una voz que les hacía ver más allá de lo que otros seres humanos veían.
¿Qué significa para usted presentar por primera vez una exposición individual en Colombia?
En la exposición hay elementos que conectan con lo local. Una pieza utiliza una rama tomada de acá, muy cerca del taller donde se están realizando las obras. Los textiles están hechos por una madre y una hija tejedoras. Los vidrios también fueron realizados acá. Hay mucho de producción local y eso me gusta mucho. Cuando conocí Bogotá a raíz de la bienal pasada, me gustó mucho la efervescencia creativa y cultural que hay, y la gente, que es muy cálida y espontánea. Y La Cometa tiene una trayectoria que es muy respetada. Para mí es un privilegio tener el respaldo de una galería con tanta trayectoria y tanto nivel de profesionalidad.
¿Cómo entiende la relación entre arte y mercado?
Siempre hay que recordar que el arte existe primero, y después todo lo demás. El acto creativo es independiente, es autónomo de cualquier intercambio comercial, porque es un impulso desde el artista, pero además es una necesidad social. El arte siempre va a existir porque va a existir ese impulso y esa necesidad de ir más allá de la realidad. Para mí es un privilegio vivir de mi arte y estoy enormemente agradecida con todo ese sistema del arte que me ha permitido desarrollarme. Tanto los coleccionistas como los museos y los curadores han contribuido al desarrollo de mi carrera.
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Una exposición para detenerse
“El tiempo es un sonido que no escuchamos” propone, en últimas, una experiencia que no busca explicar el tiempo sino hacerlo sensible. A través de objetos, materiales, sonidos sugeridos, patrones naturales, luz y relaciones entre espacio y tiempo, Glenda León plantea una pregunta que queda abierta para cada espectador: ¿qué sucede en ese instante que estamos viviendo y que, precisamente por estar viviéndolo, quizá no alcanzamos a escuchar?
La exposición podrá ser visitada en La Cometa, Carrera 10 # 94 A – 25, Bogotá, donde estará hasta el mes de noviembre.
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