Jerson Leonardo Trujillo Guzmán nació en Neiva, Huila, y creció con una certeza que nunca tuvo que cuestionarse: para él, aportar a la defensa de la nación no fue una opción entre varias, sino su única vocación de vida. Por eso, cuando llegó el momento de ingresar a la Escuela Militar de Suboficiales Sargento Inocencio Chincá, EMSUB, no lo vivió como una prueba, sino como el camino que llevaba trazando desde niño.
“Estar aquí era mi sueño y mi único plan de vida. Nunca contemplé otra cosa distinta a servirle a mi país“, dice Jerson, y en esa frase se resume el trasfondo de todo lo que vendría después: dos años de formación exigente en la EMSUB, en los que asumió cada materia, cada práctica de campo y cada jornada de instrucción como una prueba que debía superar con el primer lugar como meta.
Ese camino tiene un origen claro: el de su casa. Jerson es hijo de Leonardo Trujillo, soldado de la reserva activa que sirvió en unidades élite del Ejército Nacional y que se convirtió en su mayor referente. “Siempre le he dicho que debe ser responsable, que lidere con el ejemplo y que tenga respeto por los demás“, cuenta su padre.
Esa vocación temprana encontró, además, un impulso económico decisivo: la Matrícula Cero, el programa estatal que hoy beneficia al 85 % de los alumnos de la Escuela y que alivió la economía de su hogar. Ese beneficio le abrió la puerta de entrada, pero lo que vino después, el primer puesto de su promoción, se lo ganó únicamente con su desempeño, cursando la Tecnología en Ciencias Militares de la oferta académica de la EMSUB, junto con la tecnología complementaria en Logística Militar, con una exigencia constante que no dio tregua ni en un solo semestre.
Hubo jornadas duras, de esas que ponen a prueba hasta la vocación más firme. Jerson no lo esconde: “Hubo jornadas muy duras, pero jamás pensé en rendirme. Esto lo llevo en el ADN“. Es esa misma convicción la que sus compañeros e instructores señalan como su rasgo distintivo: la de un joven que no solo persigue resultados, sino que ya empieza a comportarse como el líder que la institución espera formar.


Ese rendimiento académico y militar no solo lo ubicó en la cima de su promoción, le abrió la oportunidad de una comisión de estudios de ocho semanas en Estados Unidos, y con ella se convirtió en el primer integrante de su familia en viajar al exterior. Para Jerson, la experiencia fue “de película“: lo impactó el choque cultural, la dinámica de vida y una forma distinta de entender el servicio. Para su padre, saber que su hijo había llegado hasta allá, impulsado únicamente por su propio mérito, representó un orgullo que superó cualquier expectativa familiar.
Esa transición, dice el coronel Gabriel Alexander Ramos García, director de la Escuela, refleja el modelo de formación integral que hoy ofrece la institución: “Servir al país es cada vez más una oportunidad muy completa para los jóvenes colombianos. La institución les permite formarse militar y académicamente para servir a Colombia, y pone a su disposición oportunidades que contribuyen a ese proyecto de vida, como la Matrícula Cero, una bonificación mensual, las comisiones de estudio en el exterior, el alojamiento y la alimentación“.
Para Jerson, el primer puesto y la experiencia internacional no son un punto de llegada, sino una exigencia nueva: “Ser el primer puesto es un orgullo total, pero también una responsabilidad de liderar con respeto“, dice. Y agrega algo que resume su manera de entender el pabellón que está a punto de recibir: “Amo esta institución y amo servirle a mi país. No es un trabajo, es lo que soy“.


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El próximo 28 de agosto, cuando reciba las insignias de cabo tercero, su padre estará en la tribuna viendo al joven que, impulsado por el mérito y una vocación sin dudas, empieza a escribir su propia historia en el Ejército Nacional.
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