El crecimiento del consumo asociado al 14 de febrero en Colombia ya no es una simple adopción cultural, sino un fenómeno económico cada vez más visible. Este comportamiento responde a lo que algunos analistas denominan Love-conomy o “economía del amor”, concepto que describe la monetización de las relaciones afectivas y su impacto en las decisiones de gasto.
De acuerdo con Chema Lamirán, director del Máster en Marketing Digital de la Universidad Europea de Valencia, la Love-conomy refleja cómo las dinámicas globales, amplificadas por el ecosistema digital, transforman hábitos de consumo incluso en países con tradiciones distintas.
“La Love-conomy es, en esencia, la monetización de los vínculos emocionales. San Valentín en Colombia es un ejemplo claro de cómo la globalización digital introduce nuevas fechas de consumo, incluso en contextos donde ya existían celebraciones similares como Amor y Amistad”, explica Lamirán.
Aunque históricamente Colombia ha celebrado el amor y la amistad en septiembre, la influencia de plataformas globales ha desplazado parte del protagonismo hacia el 14 de febrero, replicando patrones observados previamente con fechas como Halloween o Black Friday.
¿Por qué crece San Valentín en Colombia?
El fenómeno, según los expertos, responde principalmente a dos factores:
● Globalización digital: Redes sociales como Instagram y TikTok exponen a los consumidores colombianos a tendencias internacionales, generando comportamientos asociados al FOMO (miedo a perderse algo).
● Dinámica comercial: Febrero suele ser un mes de desaceleración tras la temporada navideña, lo que convierte a San Valentín en un incentivo estratégico para el comercio.
Más allá de las flores —sector donde Colombia tiene un rol exportador relevante—, el comercio electrónico evidencia picos en segmentos como:
● Experiencias y turismo: escapadas de fin de semana, reservas en restaurantes y planes de ocio.
● Tecnología y gadgets: accesorios para móviles y dispositivos personales.
● Bienestar y cuidado personal: productos de skincare y experiencias de spa, altamente influenciados por creadores de contenido.

Uno de los rasgos más notorios de la Love-conomy es la menor racionalidad en la toma de decisiones financieras durante estas fechas.
“Cuando una persona compra un regalo para su pareja, no percibe que adquiere un objeto, sino que invierte en validación emocional. El cerebro activa sistemas de recompensa donde el precio pierde relevancia frente al significado simbólico del gasto”, señala Lamirán.
Este comportamiento explica por qué los consumidores suelen flexibilizar sus límites presupuestales en contextos asociados al afecto y la pertenencia.
Otra tendencia creciente es la denominada compensación económica, en la que el gasto sustituye la falta de tiempo disponible.
“En una economía donde el tiempo es cada vez más escaso, el regalo opera como un atajo simbólico para expresar afecto. No es únicamente un acto de consumo, sino un mecanismo psicológico de compensación”, advierte el experto.
El auge del social commerce añade una capa adicional de complejidad. Las decisiones de compra ya no se originan en buscadores o tiendas virtuales tradicionales, sino directamente en redes sociales.
“Hoy el escaparate principal es el feed del móvil. La reducción de fricción en la compra —ver un contenido, hacer clic y pagar— incrementa significativamente las compras impulsivas”, explica Lamirán.

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Recomendación de especialistas
Ante este escenario, los especialistas recomiendan prudencia financiera, especialmente entre jóvenes y profesionales en etapas tempranas de vida laboral.
“El riesgo no está en celebrar, sino en comprometer la estabilidad financiera por decisiones emocionales de corto plazo”, concluye Lamirán.
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