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Cómo fomentar empatía, creatividad y pensamiento crítico a los niños desde los primeros años

A través del juego, el arte, la literatura y la exploración, ellos desarrollan no solo conocimientos, sino también habilidades esenciales para la vida.

La educación infantil en Colombia está experimentando una transformación significativa, enfocándose en el desarrollo de habilidades socioemocionales y competencias blandas desde la primera infancia. Este enfoque integral busca preparar a los niños y niñas para enfrentar los desafíos del siglo XXI, promoviendo su bienestar emocional y social.

Para Mauricio Moreno Cano, coordinador de la Licenciatura en Educación Infantil de Areandina, seccional Pereira, es fundamental cambiar el enfoque tradicional de esta etapa educativa. “Los pequeños no están en un proceso de espera: ya son sujetos de derechos, con ideas, emociones y una enorme capacidad de aprender del mundo”, afirma.

Precisamente, uno de los principales retos de la educación infantil es dejar atrás la visión de que este momento sirve solo como preparación académica para la primaria. En cambio, se propone un enfoque más integral, donde el desarrollo emocional, social y cultural tenga el mismo peso que el aprendizaje de letras o números.

Juego y experiencia: claves para el aprendizaje de estas habilidades

Moreno destaca que enseñar empatía empieza por el vínculo. Crear relaciones de confianza con los niños y niñas, observarlos, escucharlos y permitirles participar en la dinámica diaria del aula es el primer paso para formar seres humanos sensibles y conscientes del otro. Actividades como el juego libre, el arte, la literatura y la exploración del entorno permiten que ellos expresen emociones, asuman roles y comprendan distintas realidades.

Cuando un chico se pone en el lugar de un personaje o juega a ser alguien más, está desarrollando empatía de forma natural y significativa”, explica el docente de Areandina.

El fomento de la creatividad, en tanto, requiere espacios ricos en estímulos y libertad. Moreno propone metodologías como los rincones pedagógicos, los proyectos de aula guiados por sus intereses y los cestos de tesoros para bebés. También sugiere salidas a espacios como ludotecas o museos, que despiertan la curiosidad y la exploración activa. “Cuando el niño y la niña deciden cómo y con qué jugar, están creando, solucionando y tomando decisiones. Eso también es aprender”, indica.

Por otro lado, el pensamiento crítico nace de la experiencia. Para que ellos aprendan a reflexionar, cuestionar y tomar decisiones desde los primeros años, deben ser protagonistas de su aprendizaje. Crear ambientes que despierten su curiosidad, plantear preguntas, permitirles equivocarse y explorar es la clave. “El pensamiento crítico no nace de repetir respuestas, sino de hacerse preguntas. Por eso es tan importante permitir que los pequeños indaguen, se equivoquen y saquen sus propias conclusiones”, agrega.

Una tarea en equipo entre el jardín y la familia

Más allá del aula, el docente de Areandina insiste en que la educación infantil es una tarea colectiva que comienza en casa. “El hogar es el primer espacio educativo. Escuchar, observar y permitir que los niños y niñas participen en las decisiones familiares fortalece su desarrollo afectivo y su confianza”, puntualiza el experto.

Además, Moreno advierte sobre el uso temprano de la tecnología. En su lugar, recomienda privilegiar los materiales reales, los libros, el contacto con la naturaleza y la interacción con otras personas. “El mejor aprendizaje se da en la experiencia viva: cuando los niños y niñas tocan, sienten, hablan, juegan y preguntan”, concluye.

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Consejo para aplicar para padres y docentes: Dele tiempo y espacio al pequeño para que juegue, imagine y pregunte. No trate de llenar su agenda de actividades, mejor acompáñelo en su descubrimiento del mundo. A través del juego, el arte, la literatura y la exploración, ellos desarrollan no solo conocimientos, sino también habilidades esenciales para la vida.

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